¡Qué dura es la vuelta!

¡Pero qué bien que me lo he pasado! Necesito algo de tiempo para escribirlo, descargar y elegir las fotos, y os lo cuento todo con pelos y señales. Por ahora, paciencia, y dejaros claro que ya estoy de vuelta.

Salvo casos excepcionales, ya no voy a hacer doble publicación, así que si queréis enteraros de qué pasa por Un Mar de Cristal tendréis que daros una vuelta por allí.

Hoy podéis leer más sobre la búsqueda.

Luego más. ¡Feliz semana!

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¿Me regalas una rosa?

Entrada publicada en Un Mar de Cristal.

Este año, al coincidir con la Semana Santa, el Día Internacional del Libro ha cambiado su jornada de conmemoración. Pero los que somos así de tradicionales o rutinarios no podemos dejar pasar esta fecha sin más.
En Cataluña este día coincide con la celebración de Sant Jordi, que se festeja con una bonita costumbre: una rosa y un libro.
Así que yo os voy a hacer un pequeño regalo: un par de relatos. Para recibirlos solo tenéis que enviar un correo a
con el siguiente asunto: “te regalo una rosa”. Fácil, ¿verdad? ¡Animaos! Podéis hacerlo hasta el 27 de abril, fecha elegida este año para celebrar el Día Internacional del Libro.
Nota: esta es una entrada programada porque, si nada lo impide, estaré disfrutando de unos días de descanso y desconexión. En cuanto vuelva os enviaré los relatos prometidos.

Edición Clásica vs Nuevos Modelos de Edición

De nuevo, publicamos a la par aquí y en Un Mar de Cristal. Me váis a disculpar, he cerrado los comentarios en esta entrada, porque lo que quiero es desviar la lectura al nuevo blog, y que, como lo hacéis con este, os acostumbréis a visitar el otro.

Hay todo un intenso debate en Internet acerca de las bondades o las maldades de los nuevos modelos de edición: coedición y autoedición. Yo no voy a entrar en él. Os voy a hablar directamente de los motivos por los cuales descarto uno de ellos: la coedición.
Primero, por experiencia. Ya he publicado a través de un método muy similar (no tuve que poner un duro, pero dejé de ganarlo). De esta experiencia hablaré en otro momento, por ahora solo diré que no encaja conmigo.
Segundo, por la exigencia de pro-actividad que conlleva. Diréis que soy engreída, pero yo creo que mi labor pro-activa termina con la palabra FIN. Eso no quiere decir que en el resto de las partes de la publicación el autor no deba implicarse, por supuesto, pero considero que no es su trabajo llevar la voz cantante, ser el abanderado de su obra.
Y, en caso de optar por esta solución, ¿por qué no saltarte directamente a la editorial y decantarse por autopublicar? ¿Qué aporta la editorial en estos casos? Un apellido, sí. La posibilidad de entrar en círculos de venta más importantes, o participar en eventos que vetan los libros autoeditados. Pero, no nos engañemos, coeditar no es sinónimo de puertas abiertas. Sí, podrás estar firmando en la Feria del Libro, y verás tu libro en la web de La Casa del Libro, pero si la distribuidora no es buena, si no se implica, si la única visibilidad que le da a tu obra es la virtual, ¿no será mejor hacer esa labor por ti mismo? Porque, ya que tengo que poner todo el esfuerzo, que revierta directamente en mí, ¿no?
Hay infinidad de editoriales que ofrecen sus servicios de coedición. He recibido numerosos presupuestos –he de decir que los precios no son muy diferentes de lo que costaría la autoedición- y, antes de rechazar sus propuestas con mucha amabilidad, he hecho un pequeño rastreo de su visibilidad. Este tipo de editoriales se posicionan fundamentalmente en Internet, en plataformas de Impresión bajo Demanda principalmente. Luego, que el libro esté presente en las librerías físicas, es una labor del autor, que debe ir tocando puertas con su novela bajo el brazo y llegar a acuerdos del tipo: “te dejo unos cuantos ejemplares y ya echaremos cuentas”.
Pues bien, vuelvo a la misma reflexión: ¿qué diferencia encontramos respecto a la autopublicación? Porque, que una empresa que va a ganar dinero se venda o no mi libro me diga que mi novela es muy buena no me da la seguridad de que lo sea.
Así que, si llegado el momento, ninguna editorial ha apostado por mí, está claro cuál será el camino, ¿verdad?

La búsqueda – I

Durante los primeros pasos del nuevo blog Un Mar de Cristal, este irá de la mano de aquel, para ayudarle a abrirse un hueco en el mundo bloguero. Disculpen la duplicidad.

Parir un libro no es tarea fácil. La idea está en tu cabeza, necesita salir, necesita ser plasmada, necesita de palabras. Te enfrentas a la hoja en blanco o, en muchas ocasiones, a la pantalla en blanco, y dejas que, como impulsos eléctricos que son, esos trocitos de irrealidad viajen de tu mente a tus manos.
Cada escritor, o artesano de la palabra –definición mucho más correcta y hermosa-, tiene su método. El mío es como yo: puro caos. Escribo trozos, ideas, frases, conversaciones, sensaciones que luego deben transformarse en oraciones coherentes,… Las escribo en un documento de Word, en un correo electrónico, en una hoja sucia, en mi cuaderno, en el margen de la agenda, en la contraportada del periódico, en una servilleta,… Para luego tratar de aglutinarlo todo y darle una estructura y orden lógicos.
Una vez finalizado el primer borrador hay que leer y releer en busca de faltas, redundancias, expresiones poco claras, errores de sintaxis,… Fallos. La experiencia me ha demostrado que cien ojos ven más que dos, así que, para esta labor cuento con mis colaboradores, amigos con cierto grado de neurosis dispuestos a cazar la errata y a despellejarme si algo no termina de encajar.
Y, de repente, ahí lo tienes. Tu manuscrito. Recién parido. ¡Qué sensación más placentera! ¡Qué alivio! ¡Y qué vértigo!
Así, bebé aún, lo envías a los leones, a la búsqueda de la editorial adecuada. ¿Pensáis que escribir la novela es lo difícil? Esas horas, días, o semanas sin encontrar el final adecuado, esa idea que no eres capaz de desarrollar correctamente, esa conversación que suena insulsa, ese escenario que no consigues describir,… Todos esos momentos de sequía, de atasco, de desesperación incluso, no son nada en comparación con la bofetada que te da la dura realidad: un mercado saturado, un montón de buitres que ven en ti -y no en tu novela- su oportunidad de negocio, un millar de puertas cerradas y otras tantas muy difíciles de abrir.
¿Lo más importante? Esperar sin desesperar. ¿Las mejores actitudes? La paciencia, la perseverancia y la valentía. ¿Lo peor que te puede pasar? Nada, el no ya lo tienes. Hay que ir a por el SÍ. Y, en esas estamos.

Primavera de cambios y novedades

No me gustan los cambios. Soy de naturaleza rutinaria.

Aunque en mi defensa diré que he mejorado mucho en este aspecto. Antes, ante cualquier imprevisto, mi reacción era de absoluto y tajante rechazo. Decidí que ya era hora de madurar y ahora, además de asumirlos con valentía, incluso los provoco.

Sí, ha llegado la hora de hacer unos cuantos cambios y empezar a luchar por lo que siempre he querido ser, por lo que soy.

Este es el primer paso: bienvenidos a Un Mar de Cristal.

Con una sonrisa – para Mimi

Pues sí, querida mía. Los días cada vez son más largos. Pero eso no es consuelo para una que tiene los huesos congelados. Ya sabes, el frío se me cuela y ya no hay manera de echarlo. Casi, casi estoy deseando que llegue la primavera, con su astenia, con sus estornudos, con sus lluvias interminables… Pero con los nuevos brotes pintando el mundo de verde, los campos plagaditos de flores silvestres, las cervecitas en una terraza al sol, el destape,… ¡Que le den a los cuerpos 10! Yo pienso seguir luciéndome, que no hay nada mejor que sentirse hermosa para parecerlo. ¡Déjate ya de complejos! Aunque, si las cosas no se tuercen, tendré mi trocito de verano en mitad del crudo invierno. Pero eso es algo para contar en otro momento.

Las estrellas… Pues sí, son preciosas. A veces cuentan historias y todo. Otras veces son tan frías y distantes… Me gusta salir al balcón cuando se hace de noche y mirar al firmamento, solo mirar. Y, si hay luna, mejor.

El libro: ¡ESTÁ TERMINADO! Está más que terminado, pero tengo un pequeño problema: no tengo editorial. Alguna propuesta abusiva (por ahí no vuelvo a pasar), alguna otra que me tomo a risa, un par de “nos gustas pero no es nuestro estilo”… En cuanto haya algo sabes que os lo contaré. Si lo estoy deseando…

Mimi, soy feliz, aunque tenga momentos más tristes que otros. Pero soy feliz. Eso no lo dudes. Y guapa… ¡pues también!

Gracias por la inspiración.

No dejes que la verdad te estropee un buen relato

Gran frase. Podía haber sido mía, pero no lo es. Es de Don León Arsenal, uno del los ponentes del penúltimo Cervezas y Libros. ¡Qué buen momento! Me reí (ME ENCANTA REÍR), a pesar de mi malestar físico -estos fríos me matan- y de la insuficiencia mental que me ataca estos días.

Que estaba pensando yo… entre tanto certificado, contrato, informe, reunión,… voy a atreverme a soñar un poco. Soñaré con mi número cantado por un niño de piel dorada, con la libertad de mi cuenta bancaria engordada, con ese año sabático, con mi libro publicado por el artículo 33, con todo el tiempo del mundo para llenarlo, con viajar hacia el norte hasta llegar al mar azul verdoso, o verde azulado.

¡Que no todo va a ser trabajo!

Procuren ser felices.