Semana rara

Aquí estoy, tirada en el sofá, esperando a que se cargue el capítulo de Juego de Tronos (sí, soy una pirata, y con título y todo), bastante hecha polvo después de un fin de semana intenso mientras paso olímpicamente del fútbol. Total, mañana no se hablará de otra cosa, ¿verdad? Así que, por ahora, me lo salto.

Semana rara, sí. Para empezar, la semana comienza en martes. Eso no puede ser bueno. O sí. Porque entonces el martes pierde su natural sosería y pasa a ocupar el lugar del lunes. Los efectos han sido prácticamente los mismos que los de cualquier lunes: sueño atroz, dolor de cabeza, embotamiento, pérdida de tiempo, organización de la semana,…

Para continuar con las “particularidades” mañana tenemos elecciones sindicales, así que me toca una dura jornada de 16 horas improductivas.

Y, si las circunstancias lo permiten, el jueves me quedaré en la cama hasta que mi Perla decida que es hora de desayunar, me pasaré el día en pijama zanganeando, y me iré a la cama tarde para tener un lunes-viernes como colofón final.

Semana rara, eso es bueno. Definitivamente bueno.

P.D.: Para rematar la entrada anterior, sí, voy a frivolizar. Unos versos tontos para ver el otro lado:

Antes me tiro al feo gracioso
que al guapo soso
Que hasta para el sexo
yo necesito algo de seso.

Os dejo, me voy a preparar un bollo para endulzar un poco las elecciones.

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Primavera de cambios y novedades

No me gustan los cambios. Soy de naturaleza rutinaria.

Aunque en mi defensa diré que he mejorado mucho en este aspecto. Antes, ante cualquier imprevisto, mi reacción era de absoluto y tajante rechazo. Decidí que ya era hora de madurar y ahora, además de asumirlos con valentía, incluso los provoco.

Sí, ha llegado la hora de hacer unos cuantos cambios y empezar a luchar por lo que siempre he querido ser, por lo que soy.

Este es el primer paso: bienvenidos a Un Mar de Cristal.

Acompasando ritmos

Con la mirada puesta en el 13 de febrero retrasé cualquier toma de decisiones. Aquel viaje sería un punto de inflexión, así debía ser.

No sé muy bien cómo sucedió. Sé que aquello se fue gestando en mi interior, llenando mi espacio de negrura, asfixiándome hasta que no pude respirar,… Y estallé. No me engaño, comparto la culpa, y ahora me toca enmendar.

Durante cuatro meses una que no era yo ocupó mi lugar. Decía Lisset que le gustaría experimentar alguna vez la indiferencia. Sentimiento terrible donde los haya, lugar donde nada importa, nada satisface, nada entristece, nada alegra, nada te hace sentir que estás vivo. Nada. Eso es todo lo que podía experimentar. Negra nada.

Dando tumbos de un lado a otro me encontré con muchas personas dispuestas a echarme una mano, a contenerme, a forzarme a volver, a entregarme su amor incondicional, a escucharme o simplemente a esperar atentos a que la realidad callera sobre mí. Tengo mucho que agradecer.

Me refugié en los días de arduo trabajo, en las noches sin dormir, tras el cristal de mi copa, en las risas de los demás,… Cualquier cosa que me permitiera seguir en ese estado de no-pienso-no-siento. Pero ese llamita de alarma cada vez crecía más, así que marqué una fecha para analizarla.

He vuelto dejando atrás a aquella que fui y no quiero volver a ser. He vuelto para recomponer todo lo que estropeé, para dejar atrás los errores, para luchar por mis principios, por mis sueños y por mí misma.

Y, todo esto, en quince días. Sorprendente, ¿verdad? No, no todo el camino está recorrido, pero empezar a caminar es lo más duro, lo demás viene rodado. Desaprender y volver a aprender. El secreto, aquí.

Paciencia y energía.

Número blanco

La dichosa sinestesia

Hoy es mi cumpleaños. ¡Hoy es mi cumpleaños! Y estoy a casi 6.000 km de mi hogar. No me importa, no soy de grandes celebraciones, todo lo contrario. Eso sí, no perdono que mi gente se olvide (bueno, en realidad sí, pero me encanta fastidiar con ese tema). Total, que yo naciera un lunes de 1978 a la hora de la siesta tiene poca trascendencia en mi vida.

No sé muy bien por qué me gusta, puede que porque sea el día en el que soy la reina de la casa, reminiscencias de mi niñez. En realidad, me da igual el porqué. Me gusta.

Lo que no me gustan son las fiestas sorpresa, los gentíos pendientes de mí, que me canten a coro el cumpleaños feliz (solo me gusta que me lo cante mi madre y el especial de 7ven), los regalos de compromiso, los regalos entregados con pompa delante de todo el mundo,…

Me explico. Soy tremendamente tímida. Y ser el centro de atención va en contra de mis principios. Así que todo lo que signifique que un número superior a tres personas me mire fijamente me horripila (me encanta esta palabra). Además, para los regalos soy muy, MUY especial. Cuando yo hago un regalo procuro poner todo mi cariño y mi ilusión, que sea un regalo personal, pensado, que vaya a gustar. Así que, a la hora de recibirlos, en este caso hago una excepción a la regla de la no reciprocidad en las relaciones: si no es un regalo hecho con esa pizca de cariño e ilusión, si es una mera obligación social, prefiero no recibirlo.

Y ahora que está publicado nadie tiene excusa para borrarse de la lista negra. Recordad, todos estáis incluidos hasta que vuestras palabras (el mejor regalo, el único que quiero) me lleguen.

Esta es una entrada programada, ¡a saber dónde estoy yo en este momento!

Con una sonrisa – para Mimi

Pues sí, querida mía. Los días cada vez son más largos. Pero eso no es consuelo para una que tiene los huesos congelados. Ya sabes, el frío se me cuela y ya no hay manera de echarlo. Casi, casi estoy deseando que llegue la primavera, con su astenia, con sus estornudos, con sus lluvias interminables… Pero con los nuevos brotes pintando el mundo de verde, los campos plagaditos de flores silvestres, las cervecitas en una terraza al sol, el destape,… ¡Que le den a los cuerpos 10! Yo pienso seguir luciéndome, que no hay nada mejor que sentirse hermosa para parecerlo. ¡Déjate ya de complejos! Aunque, si las cosas no se tuercen, tendré mi trocito de verano en mitad del crudo invierno. Pero eso es algo para contar en otro momento.

Las estrellas… Pues sí, son preciosas. A veces cuentan historias y todo. Otras veces son tan frías y distantes… Me gusta salir al balcón cuando se hace de noche y mirar al firmamento, solo mirar. Y, si hay luna, mejor.

El libro: ¡ESTÁ TERMINADO! Está más que terminado, pero tengo un pequeño problema: no tengo editorial. Alguna propuesta abusiva (por ahí no vuelvo a pasar), alguna otra que me tomo a risa, un par de “nos gustas pero no es nuestro estilo”… En cuanto haya algo sabes que os lo contaré. Si lo estoy deseando…

Mimi, soy feliz, aunque tenga momentos más tristes que otros. Pero soy feliz. Eso no lo dudes. Y guapa… ¡pues también!

Gracias por la inspiración.

Y ahora, ¿qué?

Llevo varios días abriendo el escritorio del blog, pero todo lo que escribo acaba en el cajón olvidado de los borradores. ¡QUIERO ESCRIBIR! De verdad, lo necesito. Así que voy a hacer algo que no se me da muy bien, pedir ayuda.

Queridos blogueros, visitantes y demás. ¿Alguna idea? ¿Alguna aportación? ¿Se os ocurre algo divertido que podamos hacer entre todos? ¿Algo que echáis en falta en este espacio?

¡Ideas! Necesito ideas YA.

¡Gracias!

No dejes que la verdad te estropee un buen relato

Gran frase. Podía haber sido mía, pero no lo es. Es de Don León Arsenal, uno del los ponentes del penúltimo Cervezas y Libros. ¡Qué buen momento! Me reí (ME ENCANTA REÍR), a pesar de mi malestar físico -estos fríos me matan- y de la insuficiencia mental que me ataca estos días.

Que estaba pensando yo… entre tanto certificado, contrato, informe, reunión,… voy a atreverme a soñar un poco. Soñaré con mi número cantado por un niño de piel dorada, con la libertad de mi cuenta bancaria engordada, con ese año sabático, con mi libro publicado por el artículo 33, con todo el tiempo del mundo para llenarlo, con viajar hacia el norte hasta llegar al mar azul verdoso, o verde azulado.

¡Que no todo va a ser trabajo!

Procuren ser felices.