De sábado

Estoy tirada en el sofá, medio tapada con mi manta suave, en chandal (mi prenda favorita del fin de semana) y el Notebook sobre las piernas. Acabamos de terminar de cenar, y nos hemos pimplado una litrona, así que mis brazos pesan más de lo habitual. En la tele, el partido del Barça. ¡Qué poco me gusta el fútbol! Pero bueno, mietras haya Internet…

Ayer llegué a casa bien tarde. Perdí el bus de las 3:30, algo de lo más frustrante, más si a la mañana siguiente has quedado para ir de compras con mamá. Pero las compras no han sido tan terribles. Eso sí, he visto muy poquito que me gustara, y finalmente me he dado el capricho, una chupa de cuero (el regalo de cumpleaños de mis padres). Luego hemos comido juntas y, antes de que estallase la tormenta perfecta (añádase un cierto toque de ironía a la frase) hemos vuelto a casa.

Por supuesto, la siesta del sábado es sagrada. De la siesta al sofá, a ver el partido de baloncesto de la 2, y del sofá a la cocina, a seguir experimentado con Fluffy, mi nuevo horno de convección.

El tiempo está loco. No deja de soplar ese viento salvaje, las nubes pasan a velocidad vertiginosa y la luna, que hoy está especialmente bonita, ilumina el firmamento.

Hoy no ha pasado nada especial, pero los sábados siempre lo son. No creo que tarde mucho en meterme en la cama, la cerveza y la falta de sueño empiezan a surtir efecto. Supongo que me engancharé a La Reina del Palacio de las Corrientes de Aire, o a algún otro de los 7 libros que ahora mismo estoy leyendo…

Buenas noches, que descansen, sueñen con los angelitos o con su diablo favorito.

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A pesar de los pesares


A pesar de estar sufriendo uno de los inviernos más duros que recuerdo, el día amaneció claro y templado. Y yo me desperté con una sonrisa.

A pesar de llevar toda la semana enferma, me levanté sin dolor y con la cabeza despejada.

A pesar de las dos horribles semifinales (una por resultado contrario y la otra por mala), disfrutamos de una fantástica tarde de baloncesto.

A pesar de no haberme pasado toda la semana recordándolo, muchos, los más importantes, se acordaron, incluso algunos sin recurrir a las redes sociales. Hasta Lola, a su manera, no dejó de hacerlo.

A pesar de no creer en los ángeles, felicité al mío de la guarda. Eternamente agradecida.

A pesar de no estar todos juntos, papá estaba. Eso marca la diferencia. Y con el teléfono las distancias son menores.

A pesar del historial, Archi y MéjicoLindo llegaron puntuales. Llegaron y se quedaron. Nadie se durmió.

A pesar de que el Señor W y la Señorita M llegaron tarde, y de que Sanse y la Maestra más tarde aún, no me enfadé. Ya no me enfado.

A pesar de no conocer a nadie, Dulce y Pau (antes, el Maestro – el cambio de sobrenombre es a petición del interesado) se integraron a la perfección.

A pesar de ser una reunión de adultos, los niños también la disfrutaron. Y los adultos disfrutamos con los niños.

A pesar de que NO ME GUSTA NADA, me cantaron las dichosas cancioncitas. Supongo que después de sacar los trapos sucios de todos, tocaba. (Archi, me la guardo, tengo un pañuelo lleno de mocos especialmente guardado para ti).

A pesar de la heterogenia, todos lo pasaron bien. Las risas aún se oían a las tres y media.

A pesar de que 7ven lo odia, accedió a jugar al Pictionari. No se te dio tan mal, ¿no?

A pesar de los 16+2, solo se cayó una copa al suelo. Y, aunque todavía estamos en proceso de borrar las huellas, no parece que las consecuencias hayan sido muy graves.

A pesar de que no era una fiesta de cumpleaños, recibí un montón de regalos. El mejor, el cariño de los míos, que no perdieron la oportunidad de estar a mi lado.

Muchas gracias a todos,


Mi último 31

No es que me importe, o que le de un sentido místico al asunto, pero ahí está. ¿Y cómo? Pues en la cama, hoy por fin sin fiebre, pero con un dolor de garganta terrible. Parece que me hubiera dedicado a tragar papeles de lija, oye.
Si es que uno ya no se recupera como antes, ¿verdad? Y eso que llevaba yo tiempo sin ponerme TAN enferma.
Lo dicho, que pasaba por aquí para avisar. No es falta de inspiración (que sí lo fue la semana pasada), o falta de tiempo (algo que siempre es mentira), o falta de ganas,… es la fiebre, el dolor y la consecuente falta de concentración lo que me tiene alejada de este foro.
Disfruten de la Copa que, con o sin el Estu, solo sucede una vez al año.
¡Feliz fin de semana!

Fin de semana en El Acebuchar

Aquello que se podía suponer era un plan de esos que surgen gracias a la exaltación de la amistad se convirtió en un fin de semana de ensueño.

El viaje, con el plano en la cabeza, las indicaciones específicas del Maestro garabateadas en un sobre viejo y el dibujo de la puerta de la finca, pasó sin mayores incidentes.

Al llegar, lo espectacular de la zona nos dejó a todos sin palabras. El trabajo titánico que han realizado se respira en cada rincón. Todo lleno de pequeños detalles que enriquecen la belleza propia del lugar.

Por encima de cualquier cosa hay que destacar la cariñosa acogida y la hospitalidad con que nos ha obsequiado la familia del Maestro. Mamá Carpintera, una artista de los pies a la cabeza, con el rostro más hermoso que he visto en mucho tiempo, y Papá Cocinero, no menos artista, en este caso de los fogones, una de esas personas con la que te sentarías durante horas solo para escuchar. Le viene de casta.

Solo una advertencia, familia: tratándonos tan bien no podremos resistirnos a volver…

El fin de semana de descanso, paseando entre olivos, disfrutando del tiempo excepcionalmente bueno que nos ha regalado febrero, acabó siendo un fin de semana gastronómico: fabes con almejas, cordero con salsa de frambuesa, tarta de chocolate casera, queso, lomo, jamón, tortilla de patatas, arroz a banda,… sin olvidarnos, por supuesto, del desayuno pantagruélico, los ricos vinos y ese gin-tonic, ¡¡¡mmmm!!!

Con tantas cosas ricas, a ver quién es el guapo que se resiste. Las consecuencias no se han hecho esperar, este dolor de estómago que se parece demasiado al que pasé hace catorce años, no me ha dejado disfrutar al cien por cien.(En realidad es de agradecer, porque lo he pasado tan bien que si lo llego a disfrutar más no me hubieran sacado de allí ni con martillo y escoplo).

Pero también hubo tiempo para algo más que comer: la visita a los caballos; la subida al mirador, espectacular; el paseo accidentado en la pick-up, con Dulce y 7ven de pie, atrás, haciendo equipo “guante negro”, y Azul y Pixel disfrutando del quad; la partida ¿amañada? de billar, la visita a Almagro, mi primera experiencia en quad (todavía tengo los brazos agarrotados) y también, sorprendente, la de 7ven,… hasta la siesta al arrullo del loro caustico. Todo ello amenizado por chistes, anécdotas de los tres mosqueteros, charlas relajadas y preguntas capciosas.

Y, para colmo, no nos vamos con las manos vacías, sino que nos llevamos una caja del maravilloso aceite que elaboran con sus aceitunas. Por si alguno estáis interesado en haceros con productos de calidad, aquí tenéis el contacto.

Con la amenaza de volver en cuanto ustedes lo insinúen, solo queda decir, repetir, que determinadas palabras nunca sobran, ¡¡¡GRACIAS!!!

Los misterios de mi coche III (o por qué no hay que fiarse de las mujeres)

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Y menos de una despechada.

Lola ha vuelto a las andadas. Dice que la tengo abandonada. Es verdad que esta semana, por h o por b, no he cogido el coche para nada. No he tenido tiempo de ir a la piscina, ni de acercarme a ver a los sobris o a mi madre…

Pensamiento: “como estoy TAN cansada, esto de no dormir va a acabar conmigo, y ayer llegué cerca de las diez de la noche a casa después de un día de lo más estresante, aprovechando que es viernes y luego el tráfico es infernal, el autobús tarda lo suyo en venir y mi paciencia se agota en cuanto salgo por la puerta del curro, me llevo el coche, llego antes a casa, y así me da tiempo a dormir una siesta (esa que no he podido echarme por más que me lo he propuesto). Este fin de semana hay que darlo todo.”

Claro, no contaba yo con el cabreo de la Lolita. Ha sido montarme en mi pelotilla y empezar con sus lamentos y quejidos. Y reproches.

No os lo había contado, pero Lola tiene una mascota, el grillo Pepe. Y ella es muy maternal. Lo cuida como si de un hijo se tratara (curiosa analogía con la MariLucas). A Pepe le encanta escuchar la Máxima (nada de Rock&Gol o los Blind), y que suba el volumen para así cantar como un loco. Pepe estaba tristísimo porque no ha podido bailar al ritmo de su música machacona en toda la semana, y eso ha encabronado mucho a Lola.

Hemos tenido una fuerte discusión.

– Lola, por favor, no montes el numerito, que tenemos que parar a echar gasolina.

Y Lola venga a protestar. Porque, lo que es hablar, no habla mucho, lo suyo son los gritos.

– ¿Pero no te das cuenta que con tus quejidos, ni Máxima ni leches?

Al final me he parado en el polígono y he dejado que se desfogara a gusto, con los oídos tapados, eso sí.

Que ya nos conocemos, que la Lola es así, de impulsos. Necesita sacar todo lo que le come por dentro, solo hay que dejarla que lo haga.

El resto del viaje ha sido mucho más tranquilo. Lola calladita, la Máxima sonando (Pier Luigi se tiraría de los pelos) y Pepe con su eterno cri-cri.

¡Feliz fin de semana!

Un par de cañas

A pesar de que me has pisado la entrada, voy a seguir adelante…

Por fin toreamos a la maldición y pudimos conocernos. En realidad, ya nos conocíamos bastante, esto de poner un trocito del alma en la red muestra mucho de lo que somos.

Que eres una supermamá, lo imaginaba. Que eres una mujer admirable también. Que me ibas a gustar, lo tenía bastante claro. Y que seremos buenas amigas, lo sé, sin más.

Nervios sí, tensión no. Fue un rato de lo más agradable, en el que compartimos anécdotas, risas y alguna que otra confesión.

Y María… ese beso rápido, como un picotazo, cargadito de vergüenza… ¡qué ternura! Ya nos haremos amigas, ya… que sepas que me debes otro beso, me lo apunto para la próxima.

Bienvenidas a mi vida real y gracias por dejarme entrar en la vuestra.