La invasión de los culos y las tetas

Normalmente, los días que voy a la piscina, llego a casa del curro corriendo, como algo rápido casi sin sentarme, me cambio, agarro la bolsa y me planto en el polideportivo en un momentín. Pero, siguiendo los consejos de los demás (en mala hora), e intentado cuadrar el horario con el de rehabilitación, hoy decidí tomármelo con más calma.
¡Error! ¿Recuerdas, 7ven, cuando te pregunté por el significado de creepy? ¡Lo del vestuario es la perfecta definición de creepy!
Nada más entrar el griterío de los niños ya te echa para atrás. Luego, para vestirte para la ocasión tienes que ir apartando mujeres desnudas hasta llegar a los baños. Porque yo sí que soy pudorosa, y mis tetas se las enseño a mi ginecóloga y a quien yo decida.
Mientras hago malabarismos en el cubículo para desvestirme y vestirme los niños me amenizan el proceso. Hoy uno/a ha dicho por lo menos diez veces a voz en grito: ¡mamá, he hecho caca! Gracias por la información, microbio, lo hemos oído perfectamente la primera vez, las otras nueve sobraban.
Congelada de frío, cómo no, atravieso el tunel del viento, ese pasillo infernal de acceso a la piscina.
Allí los niños gritan aún si cabe más.
El otro día Heidi se sorprendió ante mi deseo de hacerme con un mp3 acuático. Lo que más le gusta a ella es el silencio bajo el agua. Pero es que aquí no hay silencio. El noventa por ciento del tiempo, como tengo la cabeza sumergida, no se escucha. Pero con cada vuelta las voces de los pequeños monstruos (y sus mamás igualmente ruidosas) te atornillan el cerebro, hasta el punto de desear que se te llenen los oídos de agua para amortiguar tanta musicalidad.
Después de una hora (hoy ha sido corto), salgo de la piscina, me quito las gafas efecto ventosa (premio a quien adivine el color), el gorro, me envuelvo con el albornoz y, arrastrándome más que andando, vuelvo al paraíso del desnudo con mis ojos de mapache.
El proceso inverso es más lento. El cuerpo está cansado y hace más frío. Cuando consigo salir de allí respiro aliviada. Ni pensar en ducharme en ese nido de pises de niño y hongos.
Hogar, dulce hogar. Que le den a la RHB, por hoy ya he tenido suficiente sufrimiento.
Y el próximo día vuelvo a mi horario habitual, que a mí los niños me gustan, pero no tanto(s).

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Hormónidos

Sí, sí. No me equivoco. Eso es lo que somos. Pura química.

Cada vez estoy más convencida de nuestra naturaleza absurda. En especial cuando surgen las conversaciones políticas en el despacho.

Que si con los cambios de tramo y la retirada de los 400 ahora resulta que cobramos menos… ¿Y la culpa, de quién es? ¡A mí que me importa! No me voy a echar las manos a la cabeza, me falta ambición y me sobra desgana. No creo que mi vida vaya a cambiar ni media. Me desvío…

No hay Dios, ni alma, ni conciencia. No hay principios, no hay corazón. Hace unos meses, cuando empecé a bucear en este tema, sentí vértigo. Ver cómo se deshace en humo todo lo que creías sólido puede resultar de lo más descorazonador.

Hoy ya no siento ese vértigo, todo lo contrario. Calma, aceptación, y unas ganas locas de vivir la vida. Para empezar a construir este nuevo “mi mundo” he tenido que echar abajo todo lo ya edificado. Esa ha sido la parte dura, pero ya está casi superada. Ahora empiezo con las tareas de desescombro. Siempre quedará alguna reminiscencia, pero, con mi mono azul, mi casco protector, mi pala y mi esfuerzo, conseguiré ser la persona que quiero ser en el mundo en el que quiero vivir.
Disfruten del que podría ser el último día de sus vidas.

La vida es sueño – Pedro Calderón de la Barca

No sé cuántas veces la he leído. Recuerdo la primera vez que pude asistir a su representación… El Profe se lo curraba. La literatura te llega mucho más cuando la vives, y fueron muchas tardes las que pasamos en los patios de butacas de teatros ya extintos, vestidos para la ocasión, absorbiendo las palabras de las grandes plumas españolas.
Muchas obras, algunas representadas por profesionales de gran reputación, otras por amateurs que no tenían nada que envidiar a los anteriores… Pero ninguna me llegó tanto como esta.
Ahora que la bruma del sueño envuelve mis días, sus versos regresan a mí. ¿Será que todo es quimera?

(…)Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser;
pues cuando es muerte el beber,
beben más, y de esta suerte,
viendo que el ver me da muerte,
estoy muriendo por ver.
Pero véate yo y muera;
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da,
el no verte ¿qué me diera?(…)

(…)¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son. (…)

(…)¿Qué os admira? ¿Qué os espanta,
si fue mi maestro un sueño,
y estoy temiendo, en mis ansias,
que he de despertar y hallarme
otra vez en mi cerrada
prisión? Y cuando no sea,
el soñarlo sólo basta;
pues así llegué a saber
que toda la dicha humana,
en fin, pasa como sueño,
y quiero hoy aprovecharla
el tiempo que me durare, (…)

Miscelánea

Lo poco gusta, lo mucho cansa. Y no es que me canse la nieve. Me sigue pareciendo mágica. Le da a la ciudad ese aspecto de inocencia virginal que tanto necesitamos. Y la gente sonríe, a pesar de haber tardado una hora más en llegar al trabajo, o de tener los pies calados y el frío metido en el tuétano.

Lo que me cansa es la incertidumbre. Esa sensación de saber que salgo de casa, pero que igual no puedo volver.

Y el frío. El autobús congelado, el despacho en modo bar de hielo, el viento… Sobre todas las cosas, el viento. Me hago mayor…

La que se hace mayor hoy es París. Y lo hace con ilusión y elegancia, como debe ser. Cumplir años no es ninguna tragedia. ¡Feliz cumpleaños!

Tengo una respuesta. Porque yo no exijo. Todo lo que recibo lo doy por bueno, sin pensar que es obligación. No creo en las relaciones igualitarias. Lo que yo doy es porque así lo quiero, nunca esperando recibir lo mismo a cambio. Me costó años que 7ven entendiera que si me paro frente a un escaparate y digo: “¡qué bonito!”, no es porque lo quiera, no es porque esté mandando un mensaje subliminar… Es porque me gusta, y si me gusta lo digo.

No es generosidad, es disciplina. No es bondad, es fortaleza de carácter. No es una fachada, es una filosofía de vida. No es que sea mejor que nadie, es que cada día me esfuerzo por llegar a serlo. No es que quiera agradar a los demás (aunque así se acabe traduciendo), es que quiero sentirme orgullosa de mí misma.

Si la gente confía en mí es porque algo de todo ese esfuerzo se acaba transparentando. Es verdad que no entro fácilmente, pero una vez que entro me suelo quedar.

Día hacia adentro. Parece que el estado (hipo)maníaco comienza a remitir, pero suavemente, sin el vértigo de las caídas en picado. ¡Qué paz!

De nuevo

Y sin avisar. Pero esta vez lo sospechaba… La última vez que entré solo pude leer: “el único deber es el deber de divertirse terriblemente”, gran frase de Oscar Wilde. Era cuestión de tiempo.
Este vez sé que lo haces porque simplemente ya no tienes nada que contar, porque encontraste tu lugar, aunque no sea para siempre, o sí.
Yo lo prefiero negro y amargo, aunque con dos de azúcar también me gusta.
Hablaremos.

Los misterios de mi coche II

He tenido una seria conversación con Lola, la banshee. He intentado que entrara en razón: ningún hombre o mujer que la haga sufrir de esa manera merece la pena.
Parece que poco a poco lo va entendiendo, pero todavía le queda algún ramalazo de dolor en forma de gritos moderados o pequeños crujidos.
A cambio de su nueva actitud solo me ha pedido que me olvide de los Blind Guardian y que no suba mucho el volumen de la radio, que se atora.
Creo que puedo con ello. Lo que no sé es si ella podrá. Estas banshees son de los más inestables…

Los misterios de mi coche

Por fin he descubierto qué es lo que le pasa: hay una banshee escondida en el sistema de sonido. Y debe sufrir mucho por amor, porque esos gritos que pega son de lo más insano.

Y lo peor de esta invasora es que, además de aullar como una loca, me jode la radio. Así que me toca hacerme los viajes perdida en mis pensamientos. ¡Qué peligro! La música me ayuda a concentrarme, de siempre. Estudio con música, trabajo con música, conduzco con música, limpio con música… Si no tengo música me disperso, mi mente vuela lejos y viajo a años luz de mi cuerpo. La música me ata a la tarea.

Difícil decisión ahora. Porque no me voy a gastar la pasta en buscar a la banshee y arreglar su mal de amores… ¿Seguir aguantando sus gritos y lamentos a cambio de poder escuchar algo de música cuando me deja o dañar sus cuerdas vocales y dejarla muda?