14 de julio de 2009

Estaba cansada, agotada. Llevaba en el cuerpo del día anterior cerca de 400 kilómetros, y apenas había mal-dormido cinco horas. El día se despertó nublado, algo que agradecí silenciosamente, pues no me sentía con fuerzas de aguantar un día de calor bochornoso.
Me había levantado con tiempo de sobra, pues cuando estoy nerviosa me cuesta el triple de tiempo cualquier actividad cotidiana.
Cuando consideré que estaba lista me monté en el coche y, lo más tranquilamente posible puse rumbo a la gran ciudad. Después de un café con la genial Montse (otro día hablaremos de este encuentro), y envuelta en una especie de nerviosismo muy molesto e inapropiado, me puse en mi lugar en la caseta.
Por un momento pensé que solo quería que todo se acabara; no era un buen día. Estaba cansada, física y mentalmente, mi estómago no paraba de dar vueltas, y además, estaba inquieta porque no sabía dónde narices había puesto mi cámara de fotos.
Aún con todo fue muy agradable recibir las visitas de todos vosotros: María, Paula, Mª Cruz y Rubén, Carmen y Marta, Alberto y compañía… Mi sonrisa era sincera y también lo era mi ilusión. No sé qué haría sin todo el apoyo que estoy recibiendo.
Después de un par de conversaciones en referencia a la presentación del libro me tumbé hecha polvo en una pradera cualquiera del Retiro, en compañía de un buen amigo recién llegado de Buenos Aires. Un rato solo, pues todos los temas que tenía pendientes no dejaban de revolotear a mi alrededor intentando captar mi atención.
Volví a casa con el corazón en un puño, esperando encontrar mi cámara encima del sofá, en el cuarto de baño, en el tambor de la lavadora… en cualquier sitio. Pero no estaba, y tampoco aparecía por el coche. Finalmente apareció, a 200 kilómetros, escondida en el sillón de la casa rural donde todavía estaba de juerga toda mi gente. Se me debió resbalar del bolsillo del pantalón…
Eso sí, como recuerdo de mi nueva desventura con un objeto perdido tengo un buen morado en la mano, consecuencia del puñetazo que le di al marco de la puerta llevada por la frustración.
Entre encargos de bisutería, obligaciones caseras y zanganeos de sofá pasé el resto de la tarde… Consciente de todo lo que me queda por hacer, incapaz de concentrarme en nada que no sea ese nuevo “flash” de luz intermitente que me acompaña desde hace un par de días.
Feria superada. Pasado el mediodía de ayer el número de ejemplares vendidos era de 21. Una gran cifra si tenéis en cuenta que no he dejado comprar a casi nadie. ¡Paciencia, chicos! Ya llegan las presentaciones…
Siguiente cita: Presentación de la Novela en Algete. ¡Ni se os ocurra faltar a la cita! Ya sabéis, lista negra…

Entrada publicada en Lejos del Miedo

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3 pensamientos en “14 de julio de 2009

  1. Ya has encontrado la cámara, tu look es estupendo, tu aspecto no parecía cansado y la novela es fenomenalllllllllllllllllllll!!!!!!!!!

    Y a Montse déjala en paz que tienes cosas mucho más importantes en que pensar ahora mismo.

    Nos vemos en la presentación preciosaaaaaaaa!!!!!

    Mil besos corazón

  2. Muchas gracias Montse, creo que necesitaba oír (leer) esas cosas… ¡Nos vemos pronto!

    Noemí, disfruta de las vacaciones, nos vemos a la vuelta!!

    Un besazo a las dos!

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