Tontos al volante

Mi estimado conductor,

por más que te pegues a mi culo en la carretera, si yo estoy adelantando no voy a dejar de hacerlo para que tú puedas sacarle partido a tu potente aceleración. Por varios motivos: el primero, porque la carretera es de todos y, porque alguien tiene que enseñarte un poco de civismo. Si yo me encuentro en la misma situación que tú no me acerco hasta poder leer la publicidad de la matrícula sino que espero pacientemente hasta que termine de adelantar y entonces le hago ver mi intención de ir más deprisa sin necesidad de darle un “beso”. Y si, aún así no funciona, me aguanto, maldigo en hebreo, y repito uno de mis mantras: “el mundo es de todos, hasta de los tontos”. El segundo motivo es la escasa potencia de mi pobre “pelotilla”; ¿sabes lo que me supone tener que bajar la velocidad y luego recuperarla? Puede que yo también tenga prisa y no me apetezca perder el tiempo esperando en el carril lento un hueco suficiente para poder incorporarme a la izquierda sin molestar (porque, aunque yo también sea Mister Hyde al volante procuro joder lo menos posible a los demás). Y por último, has tenido la mala suerte de darte de bruces con mi espíritu de contradicción. Si fueses una persona civilizada me apartaría sin ningún problema, pero como decides utilizar tu conducción agresiva para intimidarme (algo que, sin duda ya habrás notado, me importa un bledo) mi yo rebelde se pone al volante para darte una pequeña cura de humildad.

Supongo que no habrá servido de nada, que seguirás siendo un cretino más en el asfalto, pero yo hoy me siento mejor, como un padre que le ha enseñado algo valioso a un hijo (de madre de dudosa reputación).

Solo recuerda, si te vuelves a cruzar conmigo, que no te vea los pelos de la nariz por el retrovisor, no te va a servir de nada.

Y en septiembre, vuelta al transporte público, Hyde se quedará para los fines de semana…

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De golpe a la realidad

;o( De vuelta al trabajo. Se acabaron las vacaciones. Otra vez los madrugones, los atascos, las malas caras,… Y con el añadido de la ola de calor.

Menos mal que agosto es una pequeña extensión de vacaciones, con la ciudad medio vacía (aunque cada vez menos) y poca gente llamando a mi puerta, con lo que tengo infinidad de ratos libres en el trabajo (eso si consigo organizar las montañas de papelotes que se han acumulado en mi mesa). Para mayor consuelo durante diez días estaré sola. Sí, sola, y me gusta la idea. Todo el despacho para mi, la música que yo quiero (se acabó el pastel), la temperatura que yo decida, el ritmo que yo marque,… la vuelta al ostracismo es cada vez más evidente, pero, como diría el escorpión a la rana, ese mi naturaleza, no lo puedo evitar.

Ni quiero.

Feliz vuelta al trabajo a todos aquellos desdichados que comparten mi situación. A los demás, nada que decir…