Filosofía

Querido Felix:

Schelling, el máximo representante del romanticismo filosófico, cuya principal aspiración era la vuelta de la filosofía a ese océano del que surgieran todas las ciencias, la poesía, era un tipo muy raro. Y las personas que han escrito acerca de él son todavía más raras. Entiendo que tú, desde tu púlpito en el Olimpo, no estés de acuerdo conmigo en que la filosofía debería ser algo más cercano, más sencillo, más accesible; pero de ahí a que sea algo completamente incomprensible incluso para personas que se supone que saben algo acerca del tema va un mundo.

En fin, solo una pequeña reflexión de lunes: las cosas sencillas tienen mucho más encanto que las que son complicadas, retorcidas, recargadas. Y cuando decimos lo que queremos decir los demás nos entienden mejor.

¡Feliz lunes!

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Llueve

¿No te encantan los días de lluvia? A mí sí; es como volver a empezar. Me encanta sentarme en el sofá con las piernas recogidas, taparme con esa manta amarilla tan suave que me regalaron mis ex-compis de curro y simplemente mirar por la ventana, ver cómo cae la lluvia, imaginar que esa cortina de agua se lleva toda la suciedad acumulada en el aire, en las calles, en mi corazón.

Seguro que en otra vida fui pez (o quizás sirena), pues todo lo que es agua me encanta. Hace ya casi un año que no voy al mar y empiezo a sentir cierto desasosiego. Menos mal que la semana que viene me voy a Barcelona… pasear por la arena mientras las olas mojan mis pies, escuchar su sonido, saborear su sal… y si llueve mejor, pues así podré disfrutarlo en soledad.

¡Feliz día de lluvia!

Rutinas

Me levanto sobre las seis de la mañana. Sí, es muy pronto, pero no me importa mucho, la verdad. Prefiero madrugar y terminar pronto en el trabajo que dormir más y llegar a las mil a casa. Perla, mi gata “bebé” me ayuda a salir de la cama si me hago la remolona, reclamando con maullidos lastimeros su desayuno. En cuanto me levanto todos los demás gatos se apuntan al carro. Pichi, que es muy fina, además del desayuno quiere que le abra el grifo, pues ella solo bebe del grifo. “No me voy a beber las babas de mis hermanos”, parece reprocharme sentada pacientemente en el lavabo. Me lavo, me visto, bebo un poco de agua… y ya estoy lista para salir. Normalmente miro la temperatura exterior en el termómetro del salón mientras cojo el bolso.

Ya en la parada del bus siempre miro el escaparate de la tienda por si hay alguna novedad. A veces veo algo que me llama la atención y pienso “luego me paso a verlo”, pero nunca lo hago… Procuro sentarme en el mismo sitio siempre: el primer asiento de la izquierda, al lado de la ventana. Así puedo dormir media horita más… Si la cotorra que habitualmente se sube en la siguiente parada me deja. ¿Cómo se puede ser tan grosera?¿Cómo puede hablar tan alto con lo pequeñaja que es? Me voy a quedar sorda por su culpa porque es oírla y tengo que subir el volumen del MP3 para no empezar el día de mal humor.

Después el metro y otra cabezadita. Yo no hago transbordo si puedo evitarlo, así que me doy un paseito en superficie hasta llegar al curro. Suelo llegar la primera. Abro la oficina, saco un café de la máquina y ojeo el periódico gratuito.

De lunes a viernes, todas las mañanas lo mismo, siempre la misma rutina. Y la verdad, me gusta que sea así. Me da seguridad. Patético ¿verdad?

Una nueva vida

Un nuevo trabajo, cada vez estoy más cerca de mi objetivo.

Mi vida no es para nada como la imaginaba hace diez o doce años. No soy médico, ni trabajo en el extranjero, ni tengo hijos, ni un trabajo que me complete profesionalmente hablando… Soy una perdedora. Y no lo digo con pesar. En esta vida tiene que haber de todo, ganadores y perdedores también.

Y creo que va siendo hora de dejar de ver el mundo pasar y empezar a hacer algo por cambiar las cosas de mi vida que no me gustan. Así, si yo me gusto, podré sacar la fuerza para empezar a cambiar las cosas del mundo que no me gustan; o por lo menos aportar algo positivo…